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"Las balas sonaban y nos tiramos al piso"

CANCÚN, Q.Roo.- ¡Al suelo, al suelo!, fueron las únicas palabras que uno de los comensales escuchaba en medio del tiroteo en el Zen Sushi Bar.


CANCÚN, Q.Roo.- "Las balas sonaban y nos tiramos al piso". La tranquilidad se rompió, las balas empezaron a sonar y con ellas los gritos ¡todos abajo!, ¡al suelo, al suelo!,  los comensales y los empleados se tiraron. No escucharon ningún rechinido de llantas, después las detonaciones cesaron.

Un asiduo cliente de uno de los restaurantes de la Plaza Solare, situada al norte con la plaza de Toros y al sur con Malecón Cancún, recordó lo que llamó "balacera-ejecución" de uno de los comensales del local Zen Sushi Bar.

No fue una, ni dos, se escucharon varias detonaciones, solo captaba una voz que gritaba: ¡todos al suelo! Todos hicieron caso y se pusieron "pecho tierra".

No vi nada, no sé si era uno, dos o más los pistoleros, ni siquiera los vehículos en los que escaparon. Lo único que hicieron todos fue resguardarse y cuidar sus vidas.

A un trabajador de uno de los locales al momento de las detonaciones se le vino a la mente cuando también asesinaron en la misma plaza al empresario, Jorge Jiménez Contreras, precisamente el 18 de agosto del 2010. En esa ocasión también se tiraron al piso, pero las detonaciones se escucharon más fuertes ese día.

Una vez que pasó el peligro, clientes y empleados salieron a ver qué pasaba.  De inmediato se dio la llegada de la Cruz Roja, paramédicos subieron corriendo al Zen Sushi Bar.

Todo fue rápido, los socorristas bajaron en una camilla a una persona que estaba ensangrentada. Utilizaron el elevador que está del lado izquierdo, porque el que está frente al restaurante, donde sucedieron los hechos, estaba descompuesto.

Mientras esto sucedía iban llegando más y más policías de todas las corporaciones. Los paramédicos no tardaron ni dos minutos en bajar al lesionado.

Una de las socorristas iba montada encima del herido, le oprimía el pecho con las dos manos, tratando de reanimarlo, pero no respondió; de la boca y el abdomen le brotaba la sangre. El moribundo dejó un rastro de líquido hemático.

Un empleado del Zen Sushi Bar ayudó a los paramédicos a subir al herido a la ambulancia que desapareció sobre la Bonampak. El comensal sólo estuvo un rato más en el restaurante y se retiró; el empleado volvió a sus labores. Todo regresó a la normalidad, como si nada hubiera pasado.

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Frase:“El dinero pasa, la bolsa queda; el agua pasa, la arena queda; el hombre pasa… su nombre queda”
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